domingo, 21 de septiembre de 2014

Maestras de Plástica: mas que artistas plásticas!




Maestras de Plástica: mas que artistas plásticas!

21 de septiembre de 2014 

La verdad que hoy día de la primavera, día del estudiante y día del artista plástico, no podía dejar de recordar y asociar conjuntamente todo esto, y remontarme allá por 1990 y/91, donde con mis compañeras compartíamos creatividad, innovaciones sobre una carrera casi nueva acá, donde juntábamos los pocos pesos para pedir material porque no existirán aún las librerías artísticas en Necochea, donde la Escuela de Arte nos albergaba porque no teníamos aún edificio, donde recuerdo que literalmente cuando llovía, nos llovíamos en el salón SIberia, cuantos recuerdos, algunas entraban porque ya eran docentes y querían incursionar en el arte, y otras directamente porque les gustaba el arte y querían incursionar en la docencia.
 Donde fundamos el centro de Estudiantes, donde salimos por primera vez a difundir la carrera a los colegios secundarios, hacíamos propaganda educativa sin saberlo.
Y no puedo dejar de pensar en la mayoría de mis compañeras que con mucho sacrificio terminaron ellas si, sus carreras, y algunas aún siguieron el profesorado, y fueron todo eso, estudiantes y hoy maestras y profesoras de artes visuales, pero sobre todo con la inventiva, con la creatividad, con la lucha diaria de enfrentar horas de cátedra inventando u acercando materiales ellas mismas, porque es una de las áreas mas hermosas, pero la mas dura. Por eso recordé todo y a cada una de ellas, porque hacen magia día a día, luchando contra el sistema obsoleto que no les permite ejercer y dejar volar lo artistas que son, pero créanme, doy fe que lo son, lo llevan en la sangre, en los poros, y son mas artistas plásticas que cualquiera que hoy se postule como la mejor. Ellas crean obras, exponen, y sobre todo educan.
Y éramos sólo quince de la 2º promoción: María Iriberri, Gabriela Calarco, Matilde Gil, Paula Luchetta, Marita Nievas, Maricel Marchal, Marina de la Calle, Ana Julia Román, Marisa Miranda,Roxana Marcos, Flavia Curien, Analia Lippi  (nos faltan en la foto: Olga Vazquez, Marina Rúa y Norberto Rodriguez)
Y nos debemos una cena, han pasado 22 años,la pucha!!
Fotos de Flavia Curien
                                                                                                                                         marisaMda


Les dejo un texto de Eduardo Stupía
EL día 21 de Septiembre se festeja el día del estudiante, el día de la primavera y el DÍA DEL ARTISTA PLASTICO por una simple razón, todas estas fechas representan un festejo a la creatividad, el desarrollo y la innovación.
La institución del Día del Estudiante en coincidencia con el Día de la Primavera y el Día del Artista Plástico no es un mero capricho del destino ni del azar, sino una justificada unificación de fechas con un mismo marco: la celebración por la renovación y la creatividad, de la naturaleza y del espíritu humano.
Y como no podía ser de otro modo, en este día la juventud es protagonista con actividades de todo tipo, en su mayoría al aire libre como guiño de complicidad con la estación que se inicia.
Detrás de las celebraciones y el jolgorio, sin embargo, subyace una cuestión más profunda que no debe perderse de vista: la renovación de un compromiso, de una responsabilidad asumida con uno mismo, con el país y con las generaciones venideras, en tanto y en cuanto el estudiante representa, desde su propia concepción y por sus objetivos y razón de ser, el futuro del pueblo que lo está educando.
En su día, que las celebraciones del presente no tapen el compromiso con el futuro

Feliz día a todos!!
Muchos de los que entrábamos a Bellas Artes hace casi cuarenta años lo hacíamos con la intención de estudiar arte o, especialmente, dibujo y pintura, y no tanto con el deseo de convertirnos en artistas, aunque en nuestra vocación hubiera ya algo de ese espejismo, alentado por profesores que, de buena fe, se mostraban más cercanos a concepciones tradicionales que a algún abordaje más materialista.
Hoy, en plena época de revisión y trastocamiento absoluto de todos los estatutos del arte, la categoría de "artista", no obstante, permanece allí, incólume, disimulada o indisimuladamente solemne aun en el contexto de la mayor secularidad, con su carga de trascendencia. Todavía, quienes creen saberse no artistas contemplan a los que sí presuntamente lo son con explícita o tímida reverencia, e incluso habrá quien -en su rol de especialista o teórico entrenado en el más puro recelo frente a toda concepción decimonónica de la palabra, refractario a ideas popularmente tan arraigadas como las de genio, artista torturado o creador excéntrico, liberado de la fascinación de la expresividad, la subjetividad o la iluminación- crea detectar en el artista una esencia singular, una plusvalía que exceda la mera definición técnica o sociológica.
A la vez, además de pobres e inmigrantes perseguidos, lo que más parece haber crecido en el Producto Bruto Mundial no son tanto las obras de arte sino los artistas, probablemente debido a las extraordinarias facilidades tecnológicas al alcance de cualquiera y, consecuentemente, a la multiplicación exponencial de instancias críticas y fenómenos que legitiman todo tipo de experimentos con nuevas normas de institucionalidad y legibilidad estética. Y además porque los artistas, verdaderos o falsos, han asumido con notable ductilidad mediática la necesidad de disimular el oropel. No basta con ser artista, también hay que no parecerlo.
Los que siempre han pensado que, en cualquier momento de la historia, ser artista es, apenas, o nada menos que un oficio, algo tan anónimo y específico como ser tornero o buzo táctico, perciben que esta conciliación equiparadora de la experiencia que propone, o evoca, una suerte de generalizada artisticidad democrática es un esfuerzo inútil, un acto anacrónico. Hoy por hoy, el mundo y el arte se parecen cada vez más, y en consecuencia ya casi no habría por qué insistir en limar la diferencia entre artistas y "civiles".
Sin embargo, como ya se dijo, la noción de jerarquía artística persiste, y ser artista también es actuar como artista. Y no meramente ante las exigencias de la escena pública, donde muchas veces la construcción del artista-personaje es más importante que la obra, cuando no la obra misma, sino en el ámbito del estudio; allí, el espejo puede eventualmente devolvernos nuestra propia imagen de artista-simulacro. Pero un buen día eso se cae y, en forma fugaz, vemos el rostro desnudo de nuestra capacidad "artística", para quien quiera llamarla así; una repentina crisis de conciencia entre la pretensión y las limitaciones, entre la aptitud constructiva y la impotencia y la mudez.
Se trata apenas de un instante desinteresado en medio de una práctica que puede ser significativa o inmediatamente prosaica, donde los materiales y las ocurrencias, las herramientas y los proyectos dejan en ridículo todo rótulo social o proyección imaginaria que se traduzca en términos de carrera, mercado o reconocimiento, y donde ser artista es cualquier cosa menos eso que creíamos que era.

Autor: Eduardo Stupía

casamiento de flavia

clase Escultura

salón siberia

recuerdos 1990/1

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