Estar
desempleado...
La
autoestima va cascoteándonos el alma y la esencia. Y a medida que pasa el
tiempo, los años transcurren y la desventaja es mayor.
Uno se
siente sin posibilidades de soñar, de metas posibles, los caminos son como
laberintos sin salidas, donde los ánimos no alcanzan, donde las palmadas ya no se sienten, donde los consejos se
evaporan porque es hoy cuando la vida corre y muchas veces no puede esperarse
un mañana.
A veces uno
se siente malogrado, siente las diferencias aunque no las haya, porque la
situación
amerita que
así sea.
Las
oportunidades no están al alcance de las manos ni de los sueños.
Se espera un
mañana sin motivación, donde las horas transcurren parsimoniosamente sabiendo
que ya casi
se depende de un milagro, por inverosímil o exagerada suene la frase.
Y uno trata
de conformarse sabiendo que hay gente que la pasa peor, pero no por eso el
dolor acalla, no por eso deja de ser menos importante.
Van surcando
las arrugas del desarraigo emocional, uno se va quedando sin ganas, ya no se
disfruta igual, la sonrisa no es la misma, solo la angustia acongoja el pecho, se siente la injusticia a flor de
pecho, y uno no habla de injusticia de poderes, uno habla de la justicia a ser alguien, a ganarse la vida decentemente, y sin embargo
el vacío es tremendo.
Quizá nos
eduquen para no sentir las diferencias, para estar a la altura de lo mejor y
adaptarse a las circunstancias sean cual fueren, pero cuando uno se estanca sin
importar las razones, y no
hay manera
de modificar las vivencias del hoy, no sirve ni evocar el pasado ni imaginar un
futuro, porque el presente hoy nos aprieta los bolsillos, porque aunque nuestro
ego sea enorme, termina a los azotes sin refugio alguno. Sin posibilidades de
ahogarse en un grito.
Es sentirse
a la intemperie, inmerso en un mar sin horizonte, donde no hay salvación, solo
esperar el milagro o la suerte, pero mientras tanto se nos ahueca el alma, se
escapa nuestro ser, y nos vamos desconociendo en este nuevo ser que nos
enfrenta al espejo.
No sin
exagerar, se pierden ganas, se pierden motivos, se pierden luchas, porque la
indiferencia sin culpas de la sociedad no nos permite sentirnos útiles, y día a
día se lucha para sobrevivir no por el pan en la mesa, esto abarca mucho más
que eso, es más profundo aún. Se va perdiendo el derecho a sentirse con
derechos simplemente.
marisaMda
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