viernes, 19 de septiembre de 2014

El puerto de mi infancia

El puerto de mi infancia

Se me entremezclaron un par de sensaciones cuando miré el vídeo escrito para y por un pescador, y  lo que venimos viviendo en este último tiempo con la privatización del puerto que cada vez  abarca más y más en ambos lados.
Pensar y leer lo que ciertamente deben sentir los pescadores, los marineros, todo ser que trabaje con el mar, quizá las condiciones difieren, una lancha, un buque, un barco, pero en definitiva es un trabajo tan digno y tan solitario a la vez.
No sé porque tengo esa imagen que encierra o percibe mucha tristeza, cuando pienso en puerto, en barcos, me recuerda la mirada de melancolía que tenía en sus ojos el padre de una amiga.
Será que asocio el puerto con los pescadores, los que venían en las lanchitas o los que surcaban esos barcos en soledades acompañadas por ellos mismos y sus compañeros.
 Seguramente será una imagen muy fuerte que tengo del recuerdo de mi abuelo Salvador (cordobés) cuando venía teníamos esos paseos de a dos, las picadas que el pedía y yo obviamente no comía mariscos (me impresionaban), y ayer viendo el vídeo y ahuecando en mi ser cada palabra escrita y sentida, que no es otra cosa que lo que refleja el sentir de los pescadores.
 Será que uno crece con esa cercanía, y a través de los recuerdos al ir a los lugares uno los revive, como los olores, las sensaciones, y a medida que pasan los años dejan de ser tan nítidos.
Y nos van quedando solo recuerdos.
Solo eso, porque al lugar ya no podemos transitarlo como antes.
Añoro el puerto, de chica solíamos caminarlo de punta a punta con Salvador, tomar contacto con la gente que trabajaba con la pesca, tomar real dimensión de lo que significaba vivir en una ciudad portuaria, donde los turistas disfrutaban recorrerlo y se maravillaban con los frutos del mar y escuchaban los relatos de viejos pescadores, donde en cierta manera los mimábamos al prestarles atención, pasaban horas y horas en un trabajo solitario como arduo.
 Era majestuoso ver las lanchitas pesqueras tan cerca, o el amarre de inmensos buques ahí nomas a pasitos, no sé, me da mucha nostalgia todo eso, ahora al puerto lo vemos a través de un cerco, y no sabemos quién es prisionero de quién.
Y uno ya grande, sabe que irremediablemente todo va cambiando, antes se embarcaban para hacer la temporada , hoy en día se embarcan solo para sobrevivir. Y da pena, mucha pena.
Uno sabe de la inmensidad del mar y ni siquiera puede imaginarse estos hombres trabajando aún en las noches de tormentas bravías, a la intemperie, a merced del oleaje, profesión ruda, donde muchos entran de jovencitos y salen hombres a la fuerza.
Nada, solo evocar una plegaria por quienes están inmersos en el profundo mar, quiénes salieron con la esperanza de volver, y aún sus familias los esperan, negándose a la realidad.
Y me quedo con esa imagen, de niña de la mano de mi abuelo, mirando con cara de asombro cada tesoro del mar, sonriéndole tímidamente al pescador que sonríe y alarga su mano rugosa y se presenta como  un simple Juan o José, el Señor de los mares, así simplemente.-
                                                                                                marisaMda

añorando recuerdos




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