El puerto de mi
infancia
Se me entremezclaron un par de sensaciones cuando miré el
vídeo escrito para y por un pescador, y
lo que venimos viviendo en este último tiempo con la privatización del
puerto que cada vez abarca más y más en
ambos lados.
Pensar y leer lo que ciertamente deben sentir los
pescadores, los marineros, todo ser que trabaje con el mar, quizá las
condiciones difieren, una lancha, un buque, un barco, pero en definitiva es un
trabajo tan digno y tan solitario a la vez.
No sé porque tengo esa imagen que encierra o percibe mucha
tristeza, cuando pienso en puerto, en barcos, me recuerda la mirada de
melancolía que tenía en sus ojos el padre de una amiga.
Será que asocio el puerto con los pescadores, los que venían
en las lanchitas o los que surcaban esos barcos en soledades acompañadas por
ellos mismos y sus compañeros.
Seguramente será una
imagen muy fuerte que tengo del recuerdo de mi abuelo Salvador (cordobés)
cuando venía teníamos esos paseos de a dos, las picadas que el pedía y yo obviamente
no comía mariscos (me impresionaban), y ayer viendo el vídeo y ahuecando en mi
ser cada palabra escrita y sentida, que no es otra cosa que lo que refleja el
sentir de los pescadores.
Será que uno crece
con esa cercanía, y a través de los recuerdos al ir a los lugares uno los
revive, como los olores, las sensaciones, y a medida que pasan los años dejan
de ser tan nítidos.
Y nos van quedando solo recuerdos.
Solo eso, porque al lugar ya no podemos transitarlo como
antes.
Añoro el puerto, de chica solíamos caminarlo de punta a punta
con Salvador, tomar contacto con la gente que trabajaba con la pesca, tomar
real dimensión de lo que significaba vivir en una ciudad portuaria, donde los
turistas disfrutaban recorrerlo y se maravillaban con los frutos del mar y escuchaban los
relatos de viejos pescadores, donde en cierta manera los mimábamos al
prestarles atención, pasaban horas y horas en un trabajo solitario como arduo.
Era majestuoso ver las lanchitas pesqueras tan
cerca, o el amarre de inmensos buques ahí nomas a pasitos, no sé, me da mucha
nostalgia todo eso, ahora al puerto lo vemos a través de un cerco, y no sabemos
quién es prisionero de quién.
Y uno ya grande, sabe que
irremediablemente todo va cambiando, antes se embarcaban para hacer la temporada
, hoy en día se embarcan solo para sobrevivir. Y da pena, mucha pena.
Uno sabe de la inmensidad del mar y
ni siquiera puede imaginarse estos hombres trabajando aún en las noches de
tormentas bravías, a la intemperie, a merced del oleaje, profesión ruda, donde
muchos entran de jovencitos y salen hombres a la fuerza.
Nada, solo evocar una plegaria por
quienes están inmersos en el profundo mar, quiénes salieron con la esperanza de
volver, y aún sus familias los esperan, negándose a la realidad.
Y me quedo con esa imagen, de niña de
la mano de mi abuelo, mirando con cara de asombro cada tesoro del mar,
sonriéndole tímidamente al pescador que sonríe y alarga su mano rugosa y se
presenta como un simple Juan o José, el
Señor de los mares, así simplemente.-
marisaMda
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