marisa MdaSoledades que van endureciendo dentro nuestro, que van tornando rugosidades viscerales por fuera, como cual arruga flotante del dolor.La mirada consolida en el rictus amargo casi a diario. Buscando alicientes para calmar la ansiedad de la compañía ausente.En la vejez casi un atractivo, un adorno que no llama la atención, casi diría algo común, cotidiano, en la mediana madurez, sobresalimos por todo lo contrario.No tener compañía nos ahuyenta de posibles, por justamente creernos los demás como enfermos o huérfanos de sentimientos.Y si la vida nos premia y nos da otra oportunidad, nuestra piel se torna savia y aligera el tronco hasta verter resina y dar vida a todo lo que imagines. Logramos hacerlo al sentirnos vivos, florecemos, brotamos enverdecemos, hasta los ojos tienen ese brillo del no se qué, el rictus se convierte en una sonrisa quizá sin motivo aparente, pero nuestro ser irradia colores indefinidos, cual arco iris a imaginar según la posibilidad de cada quién, ser troncos casi mustios o convertirnos en ramas mecidas por el viento, briosas de vida, tan solo el destino sabe que nos tiene preparado para la mitad del resto de nuestras vidas .
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